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Opinión ( 17/2/2018 )
LA VIOLENCIA COMO INSTITUCIÓN
El autor, concejal del FvP de Malvinas Argentinas, reflexiona sobre el caso del policía Chocobar y la defensa del ejecutivo nacional.

Macri recibió al policía, complicado en la Justicia

Por Ariel Fernandez.

Desde que Cambiemos se hizo cargo de las fuerzas de seguridad en nuestro país se produjo una profunda transformación del rol del Estado con respecto a la violencia. En 725 días 721 muertes por gatillo fácil (datos obtenidos del informe de la CORREPI).

La foto del presidente con el policía Chocobar tuvo la potencia suficiente como para que se instale en la opinión pública un debate peligroso que esconde de fondo una necesidad inconfesable para el Gobierno.

La violencia estatal necesita legitimación social. La discusión no es garantismo o punitivismo, no se trata de benevolencia o mano dura, el problema es la construcción de un nuevo consenso social acerca de la violencia estatal. Las fuerzas de seguridad no son herramientas de la opinión pública, no responden a encuestas, las leyes no son herramientas de marketing.

La discusión de fondo, creemos, es la forma en que el Gobierno logra con el suficiente consenso legitimar el accionar represivo de las fuerzas de seguridad en un contexto en que la inequidad se profundiza.

En pocas palabras, si la timba financiera vale más que la industria, cada vez una mayor cantidad de personas quedará en los márgenes del sistema, los focos de conflicto y la inseguridad van a ir creciendo, por ende las balas contra los pobres necesitan ser legitimadas para evitar dolores de cabeza.

La ministra de seguridad habla de un cambio de doctrina, el presidente construye un relato heroico sobre un asesinato. Estos son símbolos peligrosos que sólo pueden existir si en la sociedad encuentran cuerdas que vibran por simpatía.

Tenemos que pensarnos mucho más, no podemos ser el vehículo de la violencia como institución, como sociedad nuestro desafío es volver a pensarnos de una manera más humana.

El individualismo, el sálvese quien pueda, es el caldo de cultivo para la muerte legitimada, Macri lo sabe.

El desafío no es de la clase política, es de todos nosotros como sociedad, pensándonos desde la igualdad, rompiendo esa idea de que el otro es una amenaza.

No se trata de Chocobar, se trata de una sociedad para pocos con mucha tropa riendo en la calle o una sociedad con igualdad de posibilidades para todos.

 







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