No eran ya los instrumentos los que emanaban sonidos, sino las presencias en almas aunadas en un NO rotundo".

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Opinión ( 14/1/2019 )
POSTALES DEL RUIDO por Sandra Balossi
Una mirada sobre las protestas contra el tarifazo. "No eran ya los instrumentos los que emanaban sonidos, sino las presencias en almas aunadas en un NO rotundo".

La protesta tuvo su réplica en Tortuguitas

Sin tiempo para describirlo pero con la luna como garante, sin espacio para ubicarlo pero con la plaza como cómplice, el ruido se dejó oír. No eran ya los instrumentos los que emanaban sonidos, sino las presencias en almas aunadas en un NO rotundo. El ruido es el NO. Quien afirme que en la historia el NO, no hizo mella desconoce que la resistencia es ese hueso duro de roer para quienes defendemos los derechos. Y allí, en esa plaza fuimos ruido, vida, esperanza y espectáculo. Veinte locos, locas, loques gritando No y muches que pasaban desprevenides asintiendo con gestos, con su propio ruido.

En el paisaje impasible, la noche cálida era el techo de muches en la plaza, sentades porque sí. El ruido les convocaba a lo lejos, cada tanto, sólo para mirar. La mirada perdida, el ruido acaparador de inquietudes infantiles, en una plaza colmada y elles les otres mirando incólumes sin atisbar un movimiento. En el Norte de la plaza el ruido. En el Sur  la inmovilidad. Sur y Norte. Norte y sur. Binarismo absurdo. La postal se desplegaba bajo las estrellas y la mirada cruzó la plaza hasta anclarse en las vidrieras del otro extremo, ese que linda con la rotonda.

En la vidriera los maniquíes en una suerte de escena sarcástica adoptan diferentes posturas, simplemente para una venta fortuita. Y entremezcladas con ese mercado, estes otres maniquíes que no venden nada, no participan, no hablan. El silencio habla por elles. El mercado fluye en el espacio. Los maniquíes de la plaza cada tanto ensayan un movimiento para ver qué pasa allá en la realidad del celular, lo miran, le sonríen, lo acarician.

No hay tanto con que hacer ruido. No hay tanto bombo. Hay más cuerpes. Más voces, más presencias, a las que muches respondieron.

Ayer fueron las antorchas, hoy es el ruido. Somos la luz y la voz. Nuestres cuerpes son  luz y son voz. No necesitamos tanto. Sí necesitamos despertar y juntar a les maniquíes para que dejen de ser parte del rebaño y emitan sus propias voces. La opresión reina desde que existen las relaciones de poder, conformarse con ello es maquillar la realidad y adoptar posiciones de maniquí hasta que el mercado, cual Dios, diga que ya no corresponde ni respirar.

Sandra Balossi

 









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